Miguel Ángel Molinero Espadas acaba de ser reelegido vocal del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Andalucía (COIAA). Ingeniero Agrónomo por la Universidad de Córdoba, con una extensa trayectoria en dirección empresarial, consultoría e innovación, comparte en esta entrevista su visión sobre la profesión, sus retos y su vínculo con el Colegio.
Vocación y formación
“Mi primera intención era ser guarda forestal”, recuerda. “Me gustaba el campo, la naturaleza, los animales. Un ingeniero de Montes me sugirió que estudiara Ingeniería Agronómica, porque tenía más salidas. Y así llegué a la UCO, donde finalmente me especialicé en zootecnia, atraído por el mundo de la ganadería”.
Más allá de los conocimientos técnicos, Molinero destaca que la formación le aportó algo esencial: habilidades. “La Escuela no solo me transmitió conocimientos, sino que me ayudó a desarrollar capacidades como el liderazgo, la comunicación o la planificación. Eso ha sido lo más valioso para mi desempeño profesional”. En esta entrevista, Molinero, incide, además, que lo importante no es solo la formación académica, sino todos los conocimientos que te ayudan a estructurar y dar sentido al desarrollo de la actividad profesional y personal.
Uno de los aspectos que más subraya es la gestión. “Las empresas detectan como principal carencia de los profesionales la capacidad de gestión. No basta con saber de riego o de hidráulica: hay que saber dirigir equipos, interpretar un balance, entender la financiación de proyectos. La ingeniería agronómica debería integrar más estos contenidos, porque son fundamentales para el desempeño en la cadena agroalimentaria”.
Trayectoria profesional
Sus primeros pasos profesionales estuvieron ligados al desarrollo rural, coordinando equipos técnicos en Granada, Jaén, Almería, Ceuta y Melilla. “Ese trabajo me marcó. Aprendí a diseñar proyectos de forma integral, a comunicarme con alcaldes y emprendedores, a coordinar equipos grandes. Fue la base de todo lo que vino después”.
La vida profesional lo llevó también al ámbito internacional: Portugal, China, Egipto, India, Australia… “No me considero especialista en internacionalización, pero me ha tocado enfrentarme a muchos retos fuera. Y es lo que me ha dado una visión global que ahora aplico en la consultoría y en la formación de emprendedores”. Un desarrollo profesional que ha sido posible gracias a la propia base formativa, que, con sus múltiples oportunidades laborales, le ha permitido conocer, aprender y desarrollar el ejercicio de la profesión de ingeniero agrónomo.
Fruto de esa experiencia, Miguel Ángel, ha escrito un libro: "Emprender e innovar en el mundo rural. Una Guía para cultivar tus ideas y cosechar futuro", dirigido a emprendedores. Asegura en esta entrevista que “no se puede formar a alguien solo con teorías. Lo que más valoran es la transmisión de experiencia vivida: saber lo que significa no poder pagar un impuesto, o enfrentarse a un problema real. Eso es lo que intento aportar”.
El vínculo con el Colegio
Colegiado desde que terminó la carrera, su relación con el COIAA se intensificó a partir de 2016, con la organización de ferias tecnológicas y la creación de la Fundación INTEC. En mi caso, “me colegié porque quería mantener el contacto con la profesión y con mis compañeros. Creo que el Colegio es un punto de referencia, un espacio de pertenencia y de conexión con los retos del sector agroalimentario.” Además, añade que “el Colegio siempre estuvo dispuesto a colaborar en nuevas iniciativas, y me pareció justo devolver ese apoyo. Presentar mi candidatura a vocal fue una forma de aportar mi granito de arena para avanzar como corporación”.
Hoy, reelegido por los colegiados, defiende un papel más relevante para la institución. “El Colegio de Ingenieros Agrónomos está llamado a tener una labor clave en la sociedad andaluza. Para ello, debemos salir de la zona de confort, innovar en nuestro modelo organizativo y ser palanca de desarrollo para nuestra tierra”.
“Participar en la Junta de Gobierno es un reto y una oportunidad. Supone salir de la rutina, pero también recibir valor y crecer profesionalmente. Mientras más diversidad tengamos —jóvenes, mujeres, profesionales con diferentes especialidades— más enriquecedora será la visión del Colegio, y mejor podremos personalizar nuestro sector”.