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29/07/2026

Fernando Sánchez: “el agrónomo es curioso por naturaleza, siempre buscamos el por qué a todo e intentamos aportar nuestro granito de arena”

Premio tesis doctoral del COIAA en 2026, defiende una investigación aplicada que pone el conocimiento científico al servicio de bodegas y cooperativas

Ingeniero agrónomo con doble titulación en Enología por la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes de la Universidad de Córdoba (UCO), Fernando Sánchez representa una generación de colegiados que ha encontrado en la investigación aplicada su vocación profesional. Además, cuenta con un doctorado vinculado al grupo de viticultura y enología de la UCO, titulado "Cambio climático y maduración de la uva: Estrategias Agronómicas y Enológicas para una Vitivinicultura Regenerativa y Sostenible", que recibió el XXVI Premio Tesis Doctoral del COIAA en 2026.

Del viñedo familiar a la investigación universitaria

La conexión de Fernando con la agricultura viene de lejos. "Yo siempre he estado vinculado a la agricultura a través de la familia: padres, abuelos, bisabuelos, tíos, ... Toda la familia siempre ha estado vinculada al campo", explica. Esa raíz asentada en la agricultura convivió desde joven con una curiosidad innata que, según cuenta, su propio padre supo identificar pronto: "Como me decía mi padre algunas veces: tú el porqué de algo siempre tienes que pensarlo, tienes que cuestionarlo todo, y pensar en nuevas formas de hacer una misma cosa para intentar mejorar."

Esa misma curiosidad le llevó a decantarse por la ingeniería agronómica y la enología cuando llegó el momento de elegir estudios. El anuncio de la doble titulación agrónomo-enólogo en la UCO—justo cuando él cursaba primero de bachillerato— terminó de resolver la duda. "Para mí fue como anillo al dedo y ya no me lo pensé más, tenía todo lo que me gustaba."

El descubrimiento de la investigación

El giro hacia la investigación llegó durante las prácticas de grado, primero en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera de Guadiana y después en Madrid, en la empresa del profesor de la Universidad Politécnica, José Ramón Lissarrague, Gestión Integral de Viñedos y Bodegas (GIVITI), especializada en asesoramiento vitivinícola y enológico, con una rama potente de investigación para bodegas.

Esa experiencia le llevó a solicitar un contrato FPU —Formación de Profesorado Universitario— para apostar por la investigación desde la base, las aulas, en el Grupo de Investigación en Viticultura y Enología (VITNOL) con el catedrático Rafael Peinado.

Investigación aplicada: del laboratorio a la empresa

Para Fernando, el modelo de investigación que más valor genera es el que nace directamente de las necesidades del sector productivo. "La investigación tiene que estar al servicio de las empresas. No se trata de investigar por investigar, sino de trasladarlo a la sociedad y, en este caso, sobre todo a las empresas."

El grupo en el que él opera (Grupo de Investigación en Viticultura y Enología - VITENOL), trabaja en proyectos público-privados en los que la transferencia de conocimiento está incorporada desde la concepción misma del proyecto. "Vamos a una empresa, nos cuentan qué problemas tienen, articulamos cómo buscarles solución y, si hay financiación pública que ayude a costear ese proyecto, pues mucho mejor." Un modelo que, a su juicio, es más eficiente que el camino tradicional: investigar primero y buscar aplicación después.

Su ámbito de trabajo se centra principalmente en la viticultura y enología de la provincia de Córdoba, especialmente en la zona de Montilla-Moriles. También realiza trabajos de investigación en campo en la zona de Badajoz, su provincia natal.

El sector vitivinícola ante el cambio climático y el consumidor joven

Preguntado por las líneas de investigación más urgentes, Fernando señala dos frentes. El primero, el cambio climático: "Está afectando muchísimo a la viña y al vino en sus distintas ramas y es donde la mayoría de los grupos de investigación en viticultura y enología de España estamos apostando."

El segundo, la adaptación al nuevo consumidor. "El consumidor joven busca algo más parecido a una cerveza o un refresco que a un vino tradicional, sobre todo, en momentos sociales vinculados con el ocio", explica, sin que eso le quite el valor al producto clásico. El auge de formatos como el Spritz —que ya ha trascendido lo que él mismo describe como un nicho para convertirse en un mercado de mayor escala— ilustra esta tendencia. "Con algo de azúcar y burbuja tienes al consumidor joven casi en la mano."

El COIAA, visto desde la investigación

Entre los servicios que más valora, destaca la formación continua: "Colegiarse es muy importante porque hay servicios que te complementan en tu día a día. Por ejemplo, algunos cursos de formación como el de protocolo IFS me han servido, incluso, para mejorar cómo imparto mi propia docencia." También la comunicación y la visibilidad: "Siempre estáis en redes sociales promocionando lo que se hace en investigación y eso nos ayuda a estar actualizados de las novedades del sector."

Pero donde más insiste es en el valor de los encuentros presenciales como espacio de conexión profesional real. "En ciertos eventos, sobre todo en San Isidro, hablas con muchos profesionales con los que habitualmente no tratas y te permite conocer a nuevas personas. De hecho, yo conozco a un compañero que ha encontrado una colaboración en investigación que nadie tenía prevista en una festividad de San Isidro, porque los agrónomos tenemos ese sentimiento de pertenencia, casi de familia, que nos hace avanzar juntos".